"Los Monaguillos y Las Putas de La Avenida Independencia"
Yo no tengo la habilidad de Paloma Cabezona ni la gracia del Diablo Pizón para adornar las historietas pero les voy a contar una anécdota que nos lleva hasta finales de los 60: en esa época, junto con el Diablo Pisón, ayudábamos a misa y recogíamos la limosna los domingos, en misa de doce, donde los Padres Salesianos, en la capilla del colegio Don Bosco, allá al final de la famosa avenida; nos vestíamos como monaguillos, así como en "El Padrino", cada uno con una sotana roja y una casulla blanca encima, así como los niños que salieron hoy que se murió el Papa y entonces, bien bonitos, acompañábamos al padre Contreras, alias "Chimbolo", tocábamos la campanita y todo bien bonito.
Entonces, una vez que habíamos recogido la limosna y habíamos llevado el pisto a la sacristía, al ver el vergo de pesetas y billetes de a peso, el Diablo me dice " Ladilla, el santo tiene demasiado pisto, agarrá dos pesos..." Y yo extrañado: "Diablo, que te pasa, esto es pecado" "Vos comé mierda, agarralos y después te cuento". Y así fue. Una vez en la calle, como a la una de la tarde del domingo me dice el Diablo: "hoy, con lo que le hueviaste al santito, vamos a ir donde la pochorolas de la calle Celis".
El Diablo Pisón es dos años mayor que yo pues ya estaba para cumplir 14 años y tenia mas experiencia pues yo nunca había ido donde las putas y a los mas, me había descorchado con un par de cholinas pero al estilo chuchito, solo subirse, menearse y bajarse. – Mirá cabrón – me dice el Diablo, te voy a llevar donde la Cara de Caballo, si querés o la que vos escojás, a esta hora hay un revergo de pulseras en los balcones; a mi me daba temor, es usual, si era casi casi un niño, y enfilamos ese mediodía de domingo para la Celis.
Ya en el puesto me dice el Diablo: “Vos te llegás donde la que te guste y le vas a preguntar: “Se puede o no se puede?” Entonces, cuando te diga que sí, le preguntas que por cuanto; te va a decir tres pesos y vos le ofrecés dos; lo demás es chapupa...”
Buscamos a la Cara de Caballo pero estaba ocupada, bastante ocupada, (igualito a la Pies Dorados de Vargas Llosa) asi que divisé una babosa bien piernuda y con el pelo larguísimo, que le caía en cascada, morenota, aunque estaba para mi bien ruca pues tendría unos treinta años, y aunque el corazón me decía que estaba haciendo algo pecaminoso, por lo del dinero, la bestia que uno lleva dentro a veces puede mas que la mente o el espíritu.
El Diablo me dice: “anda con esa, cabrón, yo voy a ir a repasar a las conocidas...” Caminé hacia la mamacita con las patas todas temblorosas y le pregunté así como me había instruido el Diablo, quizá demasiado educadamente: “Buenas tardes, señora, ¿se puede o no se puede?” Y la muchacha se me queda viendo con una mirada que tendría dosis de lástima, diversión y comprensión, y me dice de un solo: “Pasá bicho, son dos pesos...”
Bueno, para que decirles: Se nos convirtió en un vicio pues todos los domingos estábamos en la sacristía ofreciéndonos para ayudar a misa y recoger la limosna, para que en el intermedio pudiéramos webiábarnos cuatro pesos, dos para cada uno, de la limosna de Domingo Savio y a la salida, agarrábamos para donde las pochorolas, pero les juro, les recontrajuro, que una vez yo me desaguaba, me entraba un remordimiento exagerado que me incomodaba hasta allá por el viernes pues, el siguiente domingo ya estaba en la parada de buses de la colonia esperando al Diablo.
Los padres salesianos se extrañaban de nuestra religiosidad y hasta comenzaron a trabajar al Diablo para ver si entraba al seminario, teniendo el Diablo el cinismo de decirles que quizá, que lo pensaría, que la idea no estaba tan descabellada... En ese mambo pasamos como dos años.
¿Creen que el Santito ya me perdonó?
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"El Viejo Chuco de la Guayabera"
Una noche de diciembre en el año de 1980 me encontraba recostado en el bomper de mi nave en una de las esquinas cerca de los bailes que hacían por la policía, allá por el parque Libertad, esperando tipo cacería, que pasaran las leonas que iban a danzar al S.A.M.C.A.P (Sancocho) o al Amigos, ya que era un tiro 100% seguro, infalible: siempre caía alguna cholina o alguna bicha bailarina, que con un poco de casaca te prestaba las nalguitas.
Entonces se me acercó un viejo panzón, gordo, negro, colocho envaselinado, con guayabera blanca, cara de piedra, feyo (imagínense al Jonás con 30 años mas y un poco mas negro) con una mariconera grande bajo el brazo y me pregunta: “Joven, ¿cómo se hace para llegar al Hotel Ritz? Y como estábamos como ya lo dije, por el Parque Libertad, le respondí: “Mire, don, comience a caminar de la esquina de Omnisport para arriba sin parar y como a cinco cuadras, pregunte por ahí y no se va a perder...”
Entonces me dice el viejo, ya con cara de complicidad y en un susurro: “Mirá bicho, la verdad es que yo ando buscando quien me meta la babosada...” Esas mismas palabras textuales usó, puta, pues ese incidente no se me olvidará nunca. Les cuento que en vez de agarrarlo a vergazos como merecía, me agarró una risa nerviosa bien fea, una risita de conejo , jijijijijijijijijiji o sea, me corté todo y le dije: “jejejejeje, mire señor, la verdad que no me dedico a eso, jejejejejee... Creo que me ha confundido ,,,,,,,” Y el viejo me dice dándome la espalda: “Pues no sabés que te acabás de perder de ganar doscientos pesos...” Y se fue. Y yo me quedé todo ahuevado.
¿Que les parece? (doscientos pesos de aquella época... Todo el revergo de cosas que hubiera comprado)
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